Parroco - Parroquia de Santa María de las Flores y San Eugenio Papa

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Queridos feligreses:

“Serán ceniza, mas tendrán sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado”

Con estas palabras termina uno de los más hermosos poemas de Quevedo. El soneto que así concluye habla del amor capaz de sobrevivir a la muerte y de darle sentido.

Con el signo de la ceniza en las cabezas nos adentramos hace pocos días en una cuaresma llena de novedad, que nos traerá –Dios mediante- un nuevo Papa tras el fecundo pontificado que, en bien de la Iglesia, ha decidido concluir Benedicto XVI. Su gesto de profunda humildad y extraordinaria libertad –desafiando muchos siglos de historia de la Iglesia- nos ayuda, sin duda, a comprender que somos polvo, que ninguno somos imprescindibles aunque todos seamos necesarios. Hemos venido a este mundo en una carne débil y pecadora, heredada de Adán y –por ello- condenada a volver al polvo de donde salió sin más esperanza en el horizonte, si no fuera porque Dios mismo la hizo suya y la glorificó, convirtiéndola en fuente de vida para nosotros.

“No somos nada” –escuchamos repetidamente en los velatorios. Y es verdad…hasta cierto punto. Porque somos amados por un Amor que es eterno. Y nosotros, los cristianos, hemos conocido ese amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Mientras vivimos en esta carne, vivimos de la fe en el Hijo de Dios que nos amó hasta entregarse a la muerte por nosotros. Y esa fe, que siempre es fundamento de lo que esperamos y garantía de lo que no vemos, nos permite anhelar –de pascua en pascua- nuestra última Pascua, cuando lo mortal sea absorbido por la Vida, y todos nos veamos transformados. Entonces, quienes éramos nada y no podíamos aspirar a ser más que polvo enterrado, veremos nuestra misma carne glorificada a imagen de Cristo resucitado.

Ésta es nuestra fe, ésta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar y que nos disponemos a renovar en la noche santa de la resurrección del Señor. Menos que nunca podemos en el año de la fe improvisar ese momento. Y por eso se nos regala la Cuaresma: como bendito combate contra las fuerzas del mal, que amenazan con quitar a nuestro polvo el Agua viva del Espíritu que lo convierte en barro moldeable en manos del Divino Alfarero, de modo que un día para siempre brille en nosotros su Gloria.

Sí, es verdad: si el final de la Historia humana no llega todavía, un día –y sólo temporalmente- nuestras vidas “serán ceniza, mas tendrán sentido”.

Podrán esperar la resurrección porque creyeron en un Amor más fuerte que la misma muerte. “Polvo serán, mas polvo enamorado”.
      

fdo: IGNACIO JIMENEZ SANCHEZ-DALP

 
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